lunes, 2 de noviembre de 2026

¿ ... Qué será de nuestros niños?

 



Un psiquiatra italiano acaba de decir en voz alta lo que muchos profesores llevan años comentando en privado: que estamos formando adultos que a los treinta años todavía no saben decidir nada por su cuenta.


Se llama Paolo Crepet, lleva más de cincuenta libros publicados, y no se anduvo con rodeos: «Estamos ante la peor generación de padres de la historia, hacen cosas de completos idiotas. Deben enseñar a sus hijos a volar, no a quedarse en el dormitorio.»


Su objeción no es que los padres de hoy quieran menos a sus hijos. Es que los protegen tanto que les quitan la oportunidad de aprender. Al niño al que nunca se le permite equivocarse no le queda ninguna experiencia propia de la cual sostenerse después. Al que nunca se aburre no se le desarrolla la imaginación, porque la imaginación aparece justamente cuando no hay nada que hacer. Y al que se le resuelve cada conflicto con un compañero no le queda idea de cómo manejar una discusión cuando llegue a un trabajo.


Crepet suma además otro frente: el de las redes. "Si hay influencers que tienen 20 o 30 millones de niños y niñas siguiéndolos, es una desgracia increíble", dice. Lo que le preocupa no es el entretenimiento, sino la uniformidad: millones de chicos de países distintos aspirando exactamente a lo mismo, copiando los mismos gestos y midiéndose con la misma vara ajena. Una generación entera pareciéndose cada vez más entre sí y cada vez menos a sí misma.


Habrá quien le discuta el tono, y es verdad que cada generación de padres ha sido acusada de estropear a la siguiente. Pero lo que plantea merece pensarse.


Porque criar no consiste en despejarle el camino a alguien, sino en darle piernas para recorrerlo. Y eso solo se consigue dejándolo caminar, aunque a veces se tropiece delante de ti.

... Previa -Lectores correctores humanos

 


Este año, un par de amigos escritores me pidieron que leyera sus textos antes de publicarlos. Querían una opinión, una mirada externa, lo que solemos llamar un lector cero. No pude ayudarlos. Tenía otros pendientes y una cola de lecturas que ya me parece interminable. En otros años probablemente habría encontrado el tiempo. De hecho, ya me ha tocado cumplir ese papel varias veces. Pero así es la vida, no siempre se puede. Y a mí también me ha pasado que me quedo sin lectores cero: amigos y familiares que antes tenían tiempo para leer mis textos ahora están ocupados con sus propias cosas. 

Por eso me ha resultado gratificante encontrar en distintas IAs a lectores cero disponibles a cualquier hora. Les paso un cuento, les pido que lo lean y me digan qué funciona y qué no. A veces encuentran problemas que yo no había visto; otras, se equivocan por completo. Además, suelen acompañar sus observaciones con toda la teoría literaria que encuentran para justificarlas. No siempre tienen razón, pero al menos me dan una primera respuesta y me permiten conflictuarme con el texto.

Sí, me gusta que exista la IA. Y no creo que los escritores estemos en problemas por su aparición. Al contrario, puede ser una herramienta más para acercarnos a nuestra propia búsqueda. Quienes se preocupan por la escritura asistida quizá olvidan lo que significa sentarse frente a una página y tratar de domar un texto. Es un proceso íntimo, muchas veces frustrante, que no empieza con la intención de publicar ni de convertirse en bestseller. Creo que escribimos primero para nosotros mismos y después para alguien en particular. Esas historias, esa rabia o esa alegría que soltamos siempre tienen un destinatario al que le estamos hablando.

Por eso no creo que la IA pueda reemplazar a quienes dedicamos tiempo a hacer arte. Puede producir contenidos para una industria que, por cierto, ya fabricaba productos culturales siguiendo focus groups y criterios puramente comerciales mucho antes de que existiera esta tecnología. El arte es otra cosa, y se ha caracterizado por representar un espacio de resistencia humana frente a la homogeneidad del mundo.

Y cuando la IA finalmente logre hacer arte —porque no dudo que llegaremos a ese punto—, tendremos que aceptar que algo de nuestros conceptos sobre la humanidad tiene que cambiar.

De eso trata mi columna de esta semana en El Gatopardo.


Aquí se las dejo.


LA IA COMO LECTOR CERO


Quienes escribimos conocemos la urgencia de que alguien nos lea y nos diga qué piensa. De joven, esos lectores estaban en casa, en el barrio, en la universidad. Llegando a mis 40, mis amigos y familiares tienen sus propias urgencias, y un cuento puede pasar semanas en una bandeja de entrada sin respuesta.

Últimamente, antes de pasar un texto a esas personas, lo reviso con una inteligencia artificial. La uso para varias tareas, pero en literatura le he dado un papel preciso: el de lector cero, el primero que lee. Señala escenas que se alargan, personajes que cambian de voz, ideas repetidas. A veces se equivoca, como cualquier lector. Aun así, agradezco tener una herramienta más para expresarme con mayor control.

Hace poco, un medio español denunció que una novela de un autor peruano, ganadora de un premio internacional, tendría un 99 % de texto generado por IA, según un detector. El autor lo niega. Si se comprobara, las bases del premio invalidarían su victoria. Pero el caso abrió otro debate: cuánto puede intervenir la IA en una obra y dónde termina la ayuda y empieza la sustitución del autor.

Quienes prohíben la IA en la creación temen que la máquina termine haciendo el trabajo del artista. Hoy resulta cada vez más difícil ignorar estas herramientas en el proceso creativo, pero a mí me cuesta creer que puedan reemplazar a quien escribe. Crear no consiste únicamente en provocar emociones; también importa la experiencia desde la que se construye una obra.

Y si en algún momento las máquinas lograran conmovernos, tendríamos que preguntarnos qué valoramos de una obra: lo que provoca o quién la firma. Me gusta pensar que la obra es más importante que quien la produce.

Siento que el miedo a la IA también está relacionado con la posibilidad de que los escritores pierdan trabajo. Pero, como autor, me pregunto: ¿cuándo hemos podido vivir de la literatura? En el Perú y en casi todo el mundo, son poquísimos los que viven exclusivamente de sus libros. La mayoría enseña, se dedica a su profesión o hace cualquier otra cosa para pagar las cuentas. El deseo de contar historias nunca ha dependido de que hacerlo resulte rentable.

El miedo a las herramientas es viejo. En el Fedro, Platón pone en boca del rey Thamus la advertencia de que la escritura traería olvido y una falsa sabiduría. Y es un hecho que la escritura y la lectura modificaron nuestro cerebro: el neurocientífico Stanislas Dehaene ha estudiado cómo el cerebro reutiliza circuitos que cumplían otras funciones para hacer posible el acto de leer. Tal vez, sí, algo de memoria perdimos, pero logramos perpetuar conocimiento.

Las herramientas tienen limitaciones. Como lector cero, la IA es un lector más, con la deficiencia de que suele ser complaciente, opina desde los manuales y nunca se aburre. Jamás me dirá, como un amigo, que en la página cinco dejó de leer. 

P. D.: Sí, esta columna también tuvo un lector cero artificial. Y le pareció excelente.


Por Carlos de la Torre Paredes

Columna: EL GATOPARDO

*Publicado en Diario Expreso el 30 de octubre de 2026


- comentarios (se me perdieron )

Trataba sobre los lectores correctores humanos los  profesionales los que vivian de ese trabajo las personas que viven de leer y los otros los voluntarios.... Que también " introduzcan el texto en la  IA, para agilizar, y, sus riesgos y sus peligros... a que su opinión sea la de las máquinas haciéndose pasar por correctores humanos....... porque no van a tomarse la tarea de leerlo.... .......

Personalmente cómo se lo entrego ahora a un corrector humano ??????? Esto es frustrante...

Todo dudas y sospechas ....

Mejor no pasárselo a ningún corrector como hasta ahora.  Solo ... uno de los diez libros publicados lo llevé a corrector humano.

... Los tejidos guardaron información que apenas podía intuirse

 

La tela como huella dactilar gracias a la tecnología.

<< Un hilo desde el Prado hasta el Nilo>>

¿Qué puede unir una pintura del Museo del Prado con una momia egipcia que lleva miles de años descansando bajo la arena del desierto? La respuesta no está en los personajes representados ni en la historia que cuentan, sino en algo mucho más discreto: los hilos que la sostienen.

Detrás de muchas grandes historias hay detalles que pasan desapercibidos. En este caso, una tela. Durante siglos, los tejidos de los lienzos guardaron información que apenas podía intuirse. Cada hilo era una pequeña pista sobre el origen de una obra, su recorrido o incluso su autenticidad. Pero hacía falta tiempo, paciencia y una mirada experta para descifrarla, el proyecto, Aracne.

Un museo, una universidad y muchas ganas.

Antes, leer una tela era un trabajo artesanal y lento: un especialista con lupa y cinta métrica, contando hilos centímetro a centímetro. Esa lectura parcial apenas arañaba la superficie de lo que un tejido podía contar. Aracne nació para cambiar eso: comprimir en segundos lo que antes llevaba semanas, leyendo un tejido como quien lee una huella dactilar.

Y lo que empezó a contar fue asombroso. Un cuadro que se creía de un pintor resultó ser de otro. Un Rubens que se pensaba pintado en Amberes había nacido, en realidad, en Madrid,

Nada de esto habría exixtido sin el encuentro entre dos mundos que casi nunca se cruzan: el arte, y, la ingeniería de telecomunicación. El Prado, tenía un problema y una intuición; la Universidad de Sevilla tenía las herramientas técnicas pensadas originalmente para procesar señales, no pinceladas para resolverlo.

Ninguno de los dos, por separado habría llegado hasta Aracne. Y, cuando el software ya funcionaba hicieron algo pico habitual: en lugar de guardárselo, lo regalaron al mundo.

Las claves del Proyecti Aracne

▪ Analiza radiografías de las obras y mide la densidad y orientación de los hilos, verticales y horizontales.

• Crea una <<firma>> ünica de cada tela, como una huella dactilar, para compartirla con la de los otros.

• Revela si una obra fue recortada o reenmarcada, o si comparte rollo de tela con otra pieza -la clave para datar y autentificar.

• Y es de acceso libre, pensado para que cualquier museo pueda usarlo sin necesitar conocimientos avanzados.

El asalto que nadie esperaba: hasta Egipto

Entonces llegó la sorpresa. El mismo software diseñado psra estudiar los lienzos de los maestros europeos encontró una nueva utilidad a miles de kilómetros de distancia y varios milenios atrás en el tiempo. En Egipto, los investigadores comenzaron a aplicarlo al análisis de vendas de momias halladas en el Valle de los Reyes.

Los tejidos analizados resultaron de una calidad excepcional, demasiado costoso para no pertenecer a alguien de alta categoría social -quizá a la propia realeza egipcia- y bajo algunas vendas han aparecido incluso escenas pintadas que nadie había visto en siglos.

Para el equipo que dio el salto de laboratorio a tumba, el cambio fue casi vertiginoso: de procesar telas entre ordenadores a hacerlo dentro de una cueva del desierto egipcio, con el mismo software que había nacido para analizar cuadros.

"... han aparecido incluso escenas pintadas que nadie había visto en siglos."

Pero quizá lo más interesante de Aracne no sea solo que descubre, sino que es el resultado de la conversación entre disciplinas que rara vez comparten espacio: el arte y la ingeniería. Dos mundos distintos que, al encontrarse, demostraron que la innovación suele surgir precisamente allí donde desaparecen las fronteras entre conocimientos.

El hecho invita a la reflexión, Aeacne no habla solo de software, de museos o de arqueología. Habla de cómo el conocimiento encuentra caminos inesperados para avanzar; de cómo una pregunta planteada en una sala del Prado puede acabar encontrando respuestas en una tumba del desierto egipcio, y, de cómo, a veces, los descubrimientos más extraordinarios empiezan siguiendo un hilo aparentemente insignificante.

-artículo Movistar^correo (on line)

jueves, 29 de octubre de 2026

... al-Ser-en-libertad






Si le hubiera cortado las alas

Habría sido mío

No se habría marchado

Pero, de esa manera

No habría sido pájaro

Y yo

Lo que amaba era el pájaro

Y yo

Amaba al pajaro


      ... 🐦...

https://m.youtube.com/watch?v=Rl1qyGZg9uU&pp=0gcJCXICo7VqN5tD&

martes, 27 de octubre de 2026

"... Donde el agua trabaja "" (bis)

 


El algoritmo no sabe de dolores. 

En el Perú se esperaba dos catástrofes: una política y otra social de índole climatológico. La primera se evidenció con el triunfo de la candidata Keiko Fujimori, hija de unos de los dictadores más corruptos de la historia peruana. El legado de Fujimori sigue haciendo daño al país hasta el sol de hoy, y son muy pocos los escritores nacionales que se embarcaron en una crítica por lo menos justa para devolverle al país un poco de dignidad, sin dejar de lado la democracia. 


Las otras catástrofes fueron anunciadas hace años: el fenómeno del niño (ahora recién lo vemos en desmedro de quienes lo padecen), y pocos escritores peruanos ―tocados o no por la collera de la argolla literaria limeña― hablan del tema, o porque no les interesa, o porque lo que viene de provincia no es digno de sus letras, de su tiempo y de su alcurnia literaria forrada con oropel. Por último hay una catástrofe que será irreversible, aun siendo incierta Lima tiene un silencio telúrico de decenas de años que pronto, espero con la mano divina, no nos tocará. No tengo dudas de que los escritores, por lo menos la mayoría de ellos solo escribirán columnas llenas de morbo, pero quizá ninguna autocrítica, es más que obvio: ellos viven en el Parnaso. 


Hay cero autocrítica en todo el sentido de la palabra y esto no se escapa a otras realidades en su actuar. Por otro lado, el argumento conocido de vivir en un país donde no se lee, donde el escritor en un 90% paga por ver publicados sus libros, donde las regalías casi no existen, sin políticas públicas educativas para incentivar la lectura y sobre esa realidad el arte se termina escapando de las manos populares para elitizarse. 


Antes de irme por la tangente o para desvirtuar el objetivo de este artículo, la semana pasada estalló un escándalo de interés nacional e internacional, un escritor peruano, David Silva Rojas, quien ganó semanas antes el Premio Internacional de Novela Breve: Almadia Ventosa-Arrufat con su novela titulada: Donde el agua trabaja. El jurado no podría ser mejor: La premio Pulitzer Cristina Rivera Garza, Selva Amada y Mónica Ojeda, en su momento todas elogiaron unánimemente a la obra de Silva Rojas por la sutileza del lenguaje, el manejo del silencio y la contención. 


Posteriormente un informe del diario El País, después de analizar la obra sacó un informe sobre la novela ganadora aduciendo que el análisis mediante Pangram, resultó que esta fue escrita en un 99% por inteligencia artificial. 


Pero qué es Pangram, es un software y es la representación perfecta de un término que sí leí en la AI: “punitismo algorítmico”, cuyas dimensiones no se normalizan para analizar una obra de creación humana, sino evidentemente artificial. ¿Y qué es lo que analiza?: Predicción de conductas, opacidad y falta de defensa, delegación del castigo en la tecnología, algoritmización del odio y la cancelación.


Y es acá dónde empieza y también se acaba el debate por varias razones. La mayoría de indignados suenan a viudas feroces que se enteraron de una infidelidad después de haber muerto la pareja, haciendo leña del árbol caído. Lo otro, la Inteligencia Artificial vino para quedarse, que tire la primera piedra quién no le dio un uso doméstico por lo menos por curiosidad. Sabemos todos que la AI se está usando en el arte, en la cultura, en lo conceptual y hasta en lo descriptivo y también en todas las ramas del desempeño humano. ¿Cuál sería la novedad que un escritor la usara? 


Lo único que podría ser reprochable es el silencio del autor y también por qué incumplió las bases del mencionado concurso. La gente se va con todo porque desconoce, porque escribe con la tentación del dolor, por la frustración de sentirse mediocres, guardándose sus mejores líneas a temas que quizá tengan mayor relevancia para nuestro entorno social, me indigna que sean apolíticos, quizá como a ellos les indigne que algún desconocido de su argolla literaria gané 20 mil euros por algo que él no hizo. 


El mejor ataque es el trabajo duro y parejo que le podemos dar a este oficio, es darle ética, pero una ética personal adiestrada a mejorar cada día, en cada punto y coma, en expresarse no solo cuando nos conviene, sino cuando las grandes editoriales publican a personas populares en redes sociales y de nada sirve la trayectoria para ser un bestseller que sí o sí vende. No sean tibios a la hora de participar, exigir y priorizar políticas culturales en beneficio de todos, lectores incluidos. 


No sean mezquinos, avancen por lo menos con ustedes mismos, que el error ajeno no les hace perfectos.

sábado, 24 de octubre de 2026

... Duelo no completado

 


El duelo es uno de los procesos más universales de la experiencia humana y, al mismo tiempo, uno de los que la cultura contemporánea maneja con menos paciencia. Hay una presión implícita a recuperarse, a seguir adelante, a superar. Y detrás de esa presión hay una incomodidad profunda con el dolor que no produce nada visible, que no se puede optimizar ni resolver en cinco fases ordenadas.

Jung no habría reconocido el duelo en ese modelo lineal. Para él, perder a alguien no era simplemente la ausencia de esa persona. Era también la pérdida de la proyección que se había depositado en ella: todo lo que esa figura representaba en la psique interior —el padre que encarnaba la autoridad, la madre que contenía la ternura, la pareja que sostenía una imagen de uno mismo— se retira del mundo exterior y tiene que ser reclamado desde dentro. El duelo, en términos junguianos, no es solo un proceso de adaptación a la ausencia. Es un trabajo de reintegración: recuperar las partes de uno mismo que vivían proyectadas en el otro y encontrarles un lugar propio en la psique.

Eso explica por qué algunos duelos duran tanto. No porque la persona sea débil o esté «estancada», sino porque la figura perdida sostenía partes muy antiguas y muy fundamentales de la identidad interior, y recuperarlas requiere tiempo, no porque haya algo roto, sino porque hay algo que construir.

Y también explica por qué el duelo no completado —el que se interrumpe, se anestesia, se evita— no desaparece. Se instala en algún lugar de la psique y desde ahí sigue operando, condicionando vínculos futuros, coloreando la visión del mundo, organizando los miedos de maneras que ya no tienen nombre visible.

Completar un duelo es, en cierto sentido, uno de los actos más valientes y más íntimamente individuadores que una persona puede hacer.

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viernes, 23 de octubre de 2026

... Provocar grandes renacimientos del arte

 

                           - foto propia -

La inteligencia artificial va a provocar uno de los grandes renacimientos del arte porque nos va a obligar a preguntarnos qué buscamos realmente en él.


Durante demasiado tiempo hemos confundido el arte con su resultado. Pero el arte no es solamente lo que se crea, sino lo que sucede entre quien crea y quien contempla.


El teatro no es únicamente un texto: es un cuerpo que respira frente a otros cuerpos. La poesía no es solamente una sucesión de palabras hermosas: es una voz, una biografía, una herida que encuentra otra herida al otro lado del silencio.


Quizá cuanto más artificial se vuelva nuestro mundo, más necesitaremos encontrarnos de verdad. Volver a los escenarios, a los recitales, a los espacios donde la belleza no se consume, sino que se comparte.


No temo que una máquina pueda escribir un poema extraordinario. Me interesa mucho más comprender por qué un ser humano necesita escribirlo.


Porque detrás de una obra de arte no buscamos únicamente belleza. Buscamos a alguien.


Y quizá ese sea el gran renacimiento que nos espera: redescubrir que el arte, antes que un producto, es una forma de presencia, de encuentro y de comunión.


¿Y si el futuro del arte consistiera, precisamente, en recuperar lo más profundamente humano de nosotros mismos? Te leo en comentarios 👇🏼


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¿ ... Qué será de nuestros niños?

  Un psiquiatra italiano acaba de decir en voz alta lo que muchos profesores llevan años comentando en privado: que estamos formando adultos...