miércoles, 4 de noviembre de 2026

.. Francia

 


FRANCIA ES UN LABORATORIO DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL.


Lo que está ocurriendo en Francia forma parte de un plan diabólico, y la élite desea que este se extienda por todo el mundo occidental. Nada de esto sucede por casualidad; todo ha sido cuidadosamente calculado.


Para comprender el panorama general, primero es necesario entender el objetivo último de la élite oculta: crear un Nuevo Orden Mundial, caracterizado por un gobierno, una moneda, una cultura y una religión a escala global. Para alcanzar esta meta, primero deben desmantelar las naciones desde su interior y reconstruirlas «a su imagen» dentro de ese Nuevo Orden Mundial.


El eslogan de los disturbios pasó a ser rápidamente «Bismillah c’est les ténèbres», que significa «En nombre de Dios, son las tinieblas». El origen de este lema es impreciso (se habla de un agente encubierto que intentó infiltrarse en un grupo de manifestantes a través de internet). Dicho esto, bien podría tratarse de la élite imprimiendo su sello satánico en su oscura labor de manipulación de las masas.


Si alguna vez te has preguntado por qué ciertos gobiernos —desde alcaldes de ciudades hasta presidentes de naciones— parecen trabajar activamente en contra de su propia población, la razón es esta: entidades globalistas poderosas, como el Foro Económico Mundial y la Open Society Foundation de George Soros, financian masivamente a candidatos que se han plegado a sus agendas en todos los niveles de gobierno. La razón de ser de estos gobiernos es sencilla: supervisar la destrucción de sus propios territorios desde dentro.


Para que los países se integren plenamente en un «Nuevo Orden Mundial», primero debe producirse una transformación drástica: deben borrar sus culturas, identidades, historias y tradiciones nacionales. Todos los países deben adoptar una cultura globalista única, con valores que se ajusten a los objetivos autoritarios de la élite. Francia se encuentra especialmente avanzada en este proceso multifacético.


El primer paso, y el más crucial, para desestabilizar un país consiste en permitir una inmigración masiva e incontrolada que supere su capacidad de absorción.


La élite es plenamente consciente de los profundos efectos que la inmigración masiva tiene sobre la estabilidad, la economía y el clima social de un país. Han realizado estudios y utilizado modelos para simular los resultados que desean obtener. Nada de lo que hacen es aleatorio ni carece de cálculo.


Además, al permitir la llegada de un número de inmigrantes muy superior a la capacidad de absorción del país, la élite crea deliberadamente un colectivo de personas desfavorecidas —a menudo indocumentadas—, que viven en peores condiciones y cuentan con muchas menos oportunidades. Esto genera un caldo de cultivo ideal para que la élite reclute «peones» que ejecuten sus designios.


De hecho, mediante propaganda de corte «woke», se inculca a las minorías un resentimiento hacia el país que las acoge, convirtiéndolas en instrumentos al servicio de la élite.


Otro efecto secundario (muy predecible) de la inmigración masiva y su instrumentalización es la radicalización del bando opuesto. 


Algunas ciudades francesas se han convertido en escenario de violentos enfrentamientos entre manifestantes y contramanifestantes. 


Algunos han descrito la situación como un conflicto entre «izquierda y derecha», o incluso entre «comunistas y fascistas». Sea como fuere, el resultado final responde a la estrategia predilecta de la élite: «divide y vencerás».


Existe una diferencia fundamental entre la inmigración controlada y la incontrolada; del mismo modo que hay una gran diferencia entre beber un vaso de agua y ahogarse en el.


Resulta especialmente irónico mucha gente del Líbano emigrara desde ahí precisamente porque su país estaba sumido en una guerra civil provocada, en parte, por... la inmigración masiva.


Los refugiados palestinos, que vivían en condiciones precarias, terminaron siendo radicalizados por agentes extranjeros y se volvieron contra el país que los había acogido. A su vez, la población local libanesa se radicalizó contra los refugiados y respondió con represalias. Así comenzó el ciclo de violencia. Al igual que en Francia, una de las partes en conflicto se asociaba con la izquierda, mientras que los nacionalistas libaneses se alineaban con la derecha.


Al final, el país entero quedó destruido y vulnerable ante fuerzas externas. Eso es precisamente lo que busca la élite.


La élite sabe que este ciclo de violencia puede replicarse fácilmente en cualquier parte del mundo. Desde Estados Unidos hasta Canadá, Australia y varios países europeos, gobiernos vendidos a la élite abrieron sus fronteras y permitieron, de forma deliberada, una inmigración que superaba la capacidad de absorción de cada país.


Dicho esto, existen diferencias significativas entre el Líbano y Francia. Estamos en 2026, y Francia es un país mucho más grande; por consiguiente, la situación es mucho más extensa y sofisticada.


La inmigración masiva es solo el primer paso en el proceso del Nuevo Orden Mundial. Una vez que los países del mundo occidental pierden sus identidades nacionales, estas son sustituidas por una cultura hegemónica diseñada por una élite global. Y, como se ha explicado en este sitio durante años, se trata de algo profundamente degenerado y altamente satánico.


Por supuesto, Francia se ha visto duramente afectada por ello.


Unas semanas después del desfile de moda simbólico, Materies Fécales en Francia, un desfile satánico elitista, estallaron disturbios en Francia. Si bien los medios afines a la élite los describieron como «estudiantes que exigían mejores condiciones», en realidad se trató de acciones altamente coordinadas, llevadas a cabo por grupos financiados por la élite que respaldan a Antifa.


No es que las protestas no fueran legítimas y que todos los estudiantes fueran parte del teatro, la élite sabía muy bien que se venían protestas, simplemente las radicalizaron con sus agentes.


Todo estaba planeado desde hace mucho tiempo. Macron no es más que un títere, cuya función consistía en permitir que la situación degenerara para, posteriormente, justificar la represión. Porque así es como opera la élite: creando orden a partir del caos.


Casi todo el mundo occidental está sometido a la agenda de la globalización. Se trata de un proceso multifacético que implica la desestabilización de las naciones mediante la inmigración masiva, políticas destructivas y, por supuesto, una propaganda constante e implacable. Francia se encuentra a la vanguardia de este proceso, y otros países están siguiendo sus pasos.


Aunque los franceses siempre han sido propensos a las protestas masivas, estos disturbios recientes se inclinan peligrosamente hacia una forma de guerra de guerrillas urbana. Peor aún, observamos indicios de dos grupos radicalizados con la intención de atacarse mutuamente. Basta una sola muerte para que la situación derive en una espiral de mayor violencia.


Del mismo modo que se dice que Francia está «dividida», también se afirma que Estados Unidos lo está, y muchos otros países siguen el mismo camino. Esto responde a un plan deliberado; aunque dicho plan es una gran apuesta, no significa que los globalistas vayan a salir perdedores dentro de ese caos que busca bajar la vibración del planeta.


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... Que no te contagien

 


MUERTE COGNITIVA Y ESTUPIDEZ

Mirá alrededor. La mayoría de la gente que conocés ya está muerta. No de cuerpo, de cabeza. Caminan, opinan, suben historias, votan, consumen y repiten. Pero adentro no queda nada. Solo el eco de lo que el algoritmo les inyectó anoche mientras miraban una pantalla con la boca abierta.


     Como estudiante del aprendizaje, te lo digo sin anestesia, la atención es un músculo y el músculo que no se exige se atrofia. Hoy millones de cerebros están flácidos, rendidos, entrenados para no sostener un párrafo largo ni una idea compleja. Eso no es un "cambio generacional". Es deterioro cognitivo masivo, y está ocurriendo ahora, en tiempo real, con tu consentimiento silencioso.

Carlo Cipolla lo clavó en Las leyes fundamentales de la estupidez humana (1976), el estúpido es quien daña a otros y a sí mismo sin obtener ningún beneficio. Lo nuevo es que el estúpido de hoy tiene megáfono, y el megáfono es gratis.


     Cualquier mediocre con un teléfono convierte su vacío en tendencia. Y vos, en vez de cerrar la app, le das like. Le das oxígeno. Participás del funeral de tu propia cabeza.


    Zygmunt Bauman lo había diagnosticado en Modernidad líquida (2000), allí dijo que vivimos en una época donde nada se sostiene, donde los vínculos, las ideas y los compromisos se disuelven antes de endurecerse. Lo líquido no pesa, no resiste, no exige. Y una cabeza líquida es una cabeza sin forma, lista para ser vertida en el molde que el mercado prefiera. Bauman no habló de pantallas por casualidad: habló de seres humanos que cambian de convicción como cambian de feed.


    Byung-Chul Han fue todavía más brutal en En el enjambre (2013). El enjambre digital no piensa, reacciona. No hay un "nosotros" con proyecto, hay una suma de individuos que se agitan juntos sin llegar a ningún lado. Eso es la manada moderna, ruidosa, veloz y vacía. Y Nicholas Carr lo documentó en Superficiales (2010), donde dijo que el uso intensivo de internet moldea cerebros que saltan de estímulo en estímulo y pierden la capacidad de profundizar. Ya no es opinión. Es evidencia.


    Las redes no te informan. Te adiestran. Te dosifican indignación, risa tonta, envidia y miedo para que vuelvas mañana. Y volvés, como un perro a su plato. Mientras tanto, Neil Postman ya había visto el final en Divertirse hasta morir (1985), allí describió una cultura que convierte todo en entretenimiento termina incapaz de tomarse en serio nada, ni siquiera su propia decadencia.


    La música de moda es el síntoma más escandaloso. Tres acordes, un estribillo pegajoso como chicle barato, una letra que no dice nada y un productor que calculó cuánto tiempo de atención te queda antes del próximo video. Sin riesgo, sin ambición, sin dolor verdadero. Es comida chatarra auditiva, llena, engorda y no nutre.

Los espectáculos masivos son la misa de esta religión de la nada. Miles de personas gritando lo mismo, filmando lo mismo, subiendo lo mismo. Guy Debord lo anticipó en La sociedad del espectáculo (1967), lo vivido se aleja y se convierte en representación. Acá ya no se vive el momento, se documenta que se estuvo. Cuando se apagan las luces, no queda una frase, ni una emoción compleja, ni un recuerdo que supere los quince segundos.


    Los ochenta, en cambio, tenían compositores que escribían como si les fuera la vida. Bandas que arriesgaban estructuras, letras que dolían, discos que pedían atención completa. Había heavy metal que te exigía aguantar la densidad y rock que no pedía autorización para sonar. Hoy lo difícil se descarta, porque el algoritmo premia la velocidad, no la profundidad.

La falta de lectura es el otro cadáver. Quien no lee no tiene vocabulario interior, ni referencias, ni contraargumentos. Solo reacciones. Y las reacciones son el combustible de la estupidez colectiva. Sin lectura no hay memoria larga, sin memoria larga no hay criterio, y sin criterio solo queda la manada.


    No le echés toda la culpa a las plataformas. Amplifican lo que ya estaba flojo. La responsabilidad es tuya cada vez que elegís el video de quince segundos antes que un libro, cada vez que compartís una estupidez porque "está de moda", cada vez que te reís de lo mediocre para no quedar afuera.


    La muerte cognitiva no llega de un golpe. Llega con mil pequeñas renuncias, renunciar a leer, a escuchar algo que no sea inmediato, a pensar distinto, a bancarte el silencio. Y al final te quedás sin herramientas, y la manada te devora entero.


    Cerrá la app. Poné un disco de los ochenta. Leé algo que te interpele. Bancate el aburrimiento. Pensá sin que nadie te dicte qué pensar. La estupidez es contagiosa, pero la lucidez también. Solo que duele más al principio, y por eso casi nadie la elige.

La cuestión no es si la cultura se volvió banal. La cuestión es si vas a seguir siendo parte del problema o si empezás a pelear, aunque sea en silencio, por tu propia cabeza.


Julio César Cháves

Psicopedagogía 


#MuerteCognitiva #EstupidezColectiva #CríticaCultural #ModernidadLíquida #AlgoritmoFlautista #MúsicaDeLos80 #ContraLaBanalidad #NoTeContagies

lunes, 2 de noviembre de 2026

¿ ... Qué será de nuestros niños?

 



Un psiquiatra italiano acaba de decir en voz alta lo que muchos profesores llevan años comentando en privado: que estamos formando adultos que a los treinta años todavía no saben decidir nada por su cuenta.


Se llama Paolo Crepet, lleva más de cincuenta libros publicados, y no se anduvo con rodeos: «Estamos ante la peor generación de padres de la historia, hacen cosas de completos idiotas. Deben enseñar a sus hijos a volar, no a quedarse en el dormitorio.»


Su objeción no es que los padres de hoy quieran menos a sus hijos. Es que los protegen tanto que les quitan la oportunidad de aprender. Al niño al que nunca se le permite equivocarse no le queda ninguna experiencia propia de la cual sostenerse después. Al que nunca se aburre no se le desarrolla la imaginación, porque la imaginación aparece justamente cuando no hay nada que hacer. Y al que se le resuelve cada conflicto con un compañero no le queda idea de cómo manejar una discusión cuando llegue a un trabajo.


Crepet suma además otro frente: el de las redes. "Si hay influencers que tienen 20 o 30 millones de niños y niñas siguiéndolos, es una desgracia increíble", dice. Lo que le preocupa no es el entretenimiento, sino la uniformidad: millones de chicos de países distintos aspirando exactamente a lo mismo, copiando los mismos gestos y midiéndose con la misma vara ajena. Una generación entera pareciéndose cada vez más entre sí y cada vez menos a sí misma.


Habrá quien le discuta el tono, y es verdad que cada generación de padres ha sido acusada de estropear a la siguiente. Pero lo que plantea merece pensarse.


Porque criar no consiste en despejarle el camino a alguien, sino en darle piernas para recorrerlo. Y eso solo se consigue dejándolo caminar, aunque a veces se tropiece delante de ti.

... Previa -Lectores correctores humanos

 


Este año, un par de amigos escritores me pidieron que leyera sus textos antes de publicarlos. Querían una opinión, una mirada externa, lo que solemos llamar un lector cero. No pude ayudarlos. Tenía otros pendientes y una cola de lecturas que ya me parece interminable. En otros años probablemente habría encontrado el tiempo. De hecho, ya me ha tocado cumplir ese papel varias veces. Pero así es la vida, no siempre se puede. Y a mí también me ha pasado que me quedo sin lectores cero: amigos y familiares que antes tenían tiempo para leer mis textos ahora están ocupados con sus propias cosas. 

Por eso me ha resultado gratificante encontrar en distintas IAs a lectores cero disponibles a cualquier hora. Les paso un cuento, les pido que lo lean y me digan qué funciona y qué no. A veces encuentran problemas que yo no había visto; otras, se equivocan por completo. Además, suelen acompañar sus observaciones con toda la teoría literaria que encuentran para justificarlas. No siempre tienen razón, pero al menos me dan una primera respuesta y me permiten conflictuarme con el texto.

Sí, me gusta que exista la IA. Y no creo que los escritores estemos en problemas por su aparición. Al contrario, puede ser una herramienta más para acercarnos a nuestra propia búsqueda. Quienes se preocupan por la escritura asistida quizá olvidan lo que significa sentarse frente a una página y tratar de domar un texto. Es un proceso íntimo, muchas veces frustrante, que no empieza con la intención de publicar ni de convertirse en bestseller. Creo que escribimos primero para nosotros mismos y después para alguien en particular. Esas historias, esa rabia o esa alegría que soltamos siempre tienen un destinatario al que le estamos hablando.

Por eso no creo que la IA pueda reemplazar a quienes dedicamos tiempo a hacer arte. Puede producir contenidos para una industria que, por cierto, ya fabricaba productos culturales siguiendo focus groups y criterios puramente comerciales mucho antes de que existiera esta tecnología. El arte es otra cosa, y se ha caracterizado por representar un espacio de resistencia humana frente a la homogeneidad del mundo.

Y cuando la IA finalmente logre hacer arte —porque no dudo que llegaremos a ese punto—, tendremos que aceptar que algo de nuestros conceptos sobre la humanidad tiene que cambiar.

De eso trata mi columna de esta semana en El Gatopardo.


Aquí se las dejo.


LA IA COMO LECTOR CERO


Quienes escribimos conocemos la urgencia de que alguien nos lea y nos diga qué piensa. De joven, esos lectores estaban en casa, en el barrio, en la universidad. Llegando a mis 40, mis amigos y familiares tienen sus propias urgencias, y un cuento puede pasar semanas en una bandeja de entrada sin respuesta.

Últimamente, antes de pasar un texto a esas personas, lo reviso con una inteligencia artificial. La uso para varias tareas, pero en literatura le he dado un papel preciso: el de lector cero, el primero que lee. Señala escenas que se alargan, personajes que cambian de voz, ideas repetidas. A veces se equivoca, como cualquier lector. Aun así, agradezco tener una herramienta más para expresarme con mayor control.

Hace poco, un medio español denunció que una novela de un autor peruano, ganadora de un premio internacional, tendría un 99 % de texto generado por IA, según un detector. El autor lo niega. Si se comprobara, las bases del premio invalidarían su victoria. Pero el caso abrió otro debate: cuánto puede intervenir la IA en una obra y dónde termina la ayuda y empieza la sustitución del autor.

Quienes prohíben la IA en la creación temen que la máquina termine haciendo el trabajo del artista. Hoy resulta cada vez más difícil ignorar estas herramientas en el proceso creativo, pero a mí me cuesta creer que puedan reemplazar a quien escribe. Crear no consiste únicamente en provocar emociones; también importa la experiencia desde la que se construye una obra.

Y si en algún momento las máquinas lograran conmovernos, tendríamos que preguntarnos qué valoramos de una obra: lo que provoca o quién la firma. Me gusta pensar que la obra es más importante que quien la produce.

Siento que el miedo a la IA también está relacionado con la posibilidad de que los escritores pierdan trabajo. Pero, como autor, me pregunto: ¿cuándo hemos podido vivir de la literatura? En el Perú y en casi todo el mundo, son poquísimos los que viven exclusivamente de sus libros. La mayoría enseña, se dedica a su profesión o hace cualquier otra cosa para pagar las cuentas. El deseo de contar historias nunca ha dependido de que hacerlo resulte rentable.

El miedo a las herramientas es viejo. En el Fedro, Platón pone en boca del rey Thamus la advertencia de que la escritura traería olvido y una falsa sabiduría. Y es un hecho que la escritura y la lectura modificaron nuestro cerebro: el neurocientífico Stanislas Dehaene ha estudiado cómo el cerebro reutiliza circuitos que cumplían otras funciones para hacer posible el acto de leer. Tal vez, sí, algo de memoria perdimos, pero logramos perpetuar conocimiento.

Las herramientas tienen limitaciones. Como lector cero, la IA es un lector más, con la deficiencia de que suele ser complaciente, opina desde los manuales y nunca se aburre. Jamás me dirá, como un amigo, que en la página cinco dejó de leer. 

P. D.: Sí, esta columna también tuvo un lector cero artificial. Y le pareció excelente.


Por Carlos de la Torre Paredes

Columna: EL GATOPARDO

*Publicado en Diario Expreso el 30 de octubre de 2026


- comentarios (se me perdieron )

Trataba sobre los lectores correctores humanos los  profesionales los que vivian de ese trabajo las personas que viven de leer y los otros los voluntarios.... Que también " introduzcan el texto en la  IA, para agilizar, y, sus riesgos y sus peligros... a que su opinión sea la de las máquinas haciéndose pasar por correctores humanos....... porque no van a tomarse la tarea de leerlo.... .......

Personalmente cómo se lo entrego ahora a un corrector humano ??????? Esto es frustrante...

Todo dudas y sospechas ....

Mejor no pasárselo a ningún corrector como hasta ahora.  Solo ... uno de los diez libros publicados lo llevé a corrector humano.

... Los tejidos guardaron información que apenas podía intuirse

 

La tela como huella dactilar gracias a la tecnología.

<< Un hilo desde el Prado hasta el Nilo>>

¿Qué puede unir una pintura del Museo del Prado con una momia egipcia que lleva miles de años descansando bajo la arena del desierto? La respuesta no está en los personajes representados ni en la historia que cuentan, sino en algo mucho más discreto: los hilos que la sostienen.

Detrás de muchas grandes historias hay detalles que pasan desapercibidos. En este caso, una tela. Durante siglos, los tejidos de los lienzos guardaron información que apenas podía intuirse. Cada hilo era una pequeña pista sobre el origen de una obra, su recorrido o incluso su autenticidad. Pero hacía falta tiempo, paciencia y una mirada experta para descifrarla, el proyecto, Aracne.

Un museo, una universidad y muchas ganas.

Antes, leer una tela era un trabajo artesanal y lento: un especialista con lupa y cinta métrica, contando hilos centímetro a centímetro. Esa lectura parcial apenas arañaba la superficie de lo que un tejido podía contar. Aracne nació para cambiar eso: comprimir en segundos lo que antes llevaba semanas, leyendo un tejido como quien lee una huella dactilar.

Y lo que empezó a contar fue asombroso. Un cuadro que se creía de un pintor resultó ser de otro. Un Rubens que se pensaba pintado en Amberes había nacido, en realidad, en Madrid,

Nada de esto habría exixtido sin el encuentro entre dos mundos que casi nunca se cruzan: el arte, y, la ingeniería de telecomunicación. El Prado, tenía un problema y una intuición; la Universidad de Sevilla tenía las herramientas técnicas pensadas originalmente para procesar señales, no pinceladas para resolverlo.

Ninguno de los dos, por separado habría llegado hasta Aracne. Y, cuando el software ya funcionaba hicieron algo pico habitual: en lugar de guardárselo, lo regalaron al mundo.

Las claves del Proyecti Aracne

▪ Analiza radiografías de las obras y mide la densidad y orientación de los hilos, verticales y horizontales.

• Crea una <<firma>> ünica de cada tela, como una huella dactilar, para compartirla con la de los otros.

• Revela si una obra fue recortada o reenmarcada, o si comparte rollo de tela con otra pieza -la clave para datar y autentificar.

• Y es de acceso libre, pensado para que cualquier museo pueda usarlo sin necesitar conocimientos avanzados.

El asalto que nadie esperaba: hasta Egipto

Entonces llegó la sorpresa. El mismo software diseñado psra estudiar los lienzos de los maestros europeos encontró una nueva utilidad a miles de kilómetros de distancia y varios milenios atrás en el tiempo. En Egipto, los investigadores comenzaron a aplicarlo al análisis de vendas de momias halladas en el Valle de los Reyes.

Los tejidos analizados resultaron de una calidad excepcional, demasiado costoso para no pertenecer a alguien de alta categoría social -quizá a la propia realeza egipcia- y bajo algunas vendas han aparecido incluso escenas pintadas que nadie había visto en siglos.

Para el equipo que dio el salto de laboratorio a tumba, el cambio fue casi vertiginoso: de procesar telas entre ordenadores a hacerlo dentro de una cueva del desierto egipcio, con el mismo software que había nacido para analizar cuadros.

"... han aparecido incluso escenas pintadas que nadie había visto en siglos."

Pero quizá lo más interesante de Aracne no sea solo que descubre, sino que es el resultado de la conversación entre disciplinas que rara vez comparten espacio: el arte y la ingeniería. Dos mundos distintos que, al encontrarse, demostraron que la innovación suele surgir precisamente allí donde desaparecen las fronteras entre conocimientos.

El hecho invita a la reflexión, Aeacne no habla solo de software, de museos o de arqueología. Habla de cómo el conocimiento encuentra caminos inesperados para avanzar; de cómo una pregunta planteada en una sala del Prado puede acabar encontrando respuestas en una tumba del desierto egipcio, y, de cómo, a veces, los descubrimientos más extraordinarios empiezan siguiendo un hilo aparentemente insignificante.

-artículo Movistar^correo (on line)

jueves, 29 de octubre de 2026

... al-Ser-en-libertad






Si le hubiera cortado las alas

Habría sido mío

No se habría marchado

Pero, de esa manera

No habría sido pájaro

Y yo

Lo que amaba era el pájaro

Y yo

Amaba al pajaro


      ... 🐦...

https://m.youtube.com/watch?v=Rl1qyGZg9uU&pp=0gcJCXICo7VqN5tD&

martes, 27 de octubre de 2026

"... Donde el agua trabaja "" (bis)

 


El algoritmo no sabe de dolores. 

En el Perú se esperaba dos catástrofes: una política y otra social de índole climatológico. La primera se evidenció con el triunfo de la candidata Keiko Fujimori, hija de unos de los dictadores más corruptos de la historia peruana. El legado de Fujimori sigue haciendo daño al país hasta el sol de hoy, y son muy pocos los escritores nacionales que se embarcaron en una crítica por lo menos justa para devolverle al país un poco de dignidad, sin dejar de lado la democracia. 


Las otras catástrofes fueron anunciadas hace años: el fenómeno del niño (ahora recién lo vemos en desmedro de quienes lo padecen), y pocos escritores peruanos ―tocados o no por la collera de la argolla literaria limeña― hablan del tema, o porque no les interesa, o porque lo que viene de provincia no es digno de sus letras, de su tiempo y de su alcurnia literaria forrada con oropel. Por último hay una catástrofe que será irreversible, aun siendo incierta Lima tiene un silencio telúrico de decenas de años que pronto, espero con la mano divina, no nos tocará. No tengo dudas de que los escritores, por lo menos la mayoría de ellos solo escribirán columnas llenas de morbo, pero quizá ninguna autocrítica, es más que obvio: ellos viven en el Parnaso. 


Hay cero autocrítica en todo el sentido de la palabra y esto no se escapa a otras realidades en su actuar. Por otro lado, el argumento conocido de vivir en un país donde no se lee, donde el escritor en un 90% paga por ver publicados sus libros, donde las regalías casi no existen, sin políticas públicas educativas para incentivar la lectura y sobre esa realidad el arte se termina escapando de las manos populares para elitizarse. 


Antes de irme por la tangente o para desvirtuar el objetivo de este artículo, la semana pasada estalló un escándalo de interés nacional e internacional, un escritor peruano, David Silva Rojas, quien ganó semanas antes el Premio Internacional de Novela Breve: Almadia Ventosa-Arrufat con su novela titulada: Donde el agua trabaja. El jurado no podría ser mejor: La premio Pulitzer Cristina Rivera Garza, Selva Amada y Mónica Ojeda, en su momento todas elogiaron unánimemente a la obra de Silva Rojas por la sutileza del lenguaje, el manejo del silencio y la contención. 


Posteriormente un informe del diario El País, después de analizar la obra sacó un informe sobre la novela ganadora aduciendo que el análisis mediante Pangram, resultó que esta fue escrita en un 99% por inteligencia artificial. 


Pero qué es Pangram, es un software y es la representación perfecta de un término que sí leí en la AI: “punitismo algorítmico”, cuyas dimensiones no se normalizan para analizar una obra de creación humana, sino evidentemente artificial. ¿Y qué es lo que analiza?: Predicción de conductas, opacidad y falta de defensa, delegación del castigo en la tecnología, algoritmización del odio y la cancelación.


Y es acá dónde empieza y también se acaba el debate por varias razones. La mayoría de indignados suenan a viudas feroces que se enteraron de una infidelidad después de haber muerto la pareja, haciendo leña del árbol caído. Lo otro, la Inteligencia Artificial vino para quedarse, que tire la primera piedra quién no le dio un uso doméstico por lo menos por curiosidad. Sabemos todos que la AI se está usando en el arte, en la cultura, en lo conceptual y hasta en lo descriptivo y también en todas las ramas del desempeño humano. ¿Cuál sería la novedad que un escritor la usara? 


Lo único que podría ser reprochable es el silencio del autor y también por qué incumplió las bases del mencionado concurso. La gente se va con todo porque desconoce, porque escribe con la tentación del dolor, por la frustración de sentirse mediocres, guardándose sus mejores líneas a temas que quizá tengan mayor relevancia para nuestro entorno social, me indigna que sean apolíticos, quizá como a ellos les indigne que algún desconocido de su argolla literaria gané 20 mil euros por algo que él no hizo. 


El mejor ataque es el trabajo duro y parejo que le podemos dar a este oficio, es darle ética, pero una ética personal adiestrada a mejorar cada día, en cada punto y coma, en expresarse no solo cuando nos conviene, sino cuando las grandes editoriales publican a personas populares en redes sociales y de nada sirve la trayectoria para ser un bestseller que sí o sí vende. No sean tibios a la hora de participar, exigir y priorizar políticas culturales en beneficio de todos, lectores incluidos. 


No sean mezquinos, avancen por lo menos con ustedes mismos, que el error ajeno no les hace perfectos.

.. Francia

  FRANCIA ES UN LABORATORIO DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL. Lo que está ocurriendo en Francia forma parte de un plan diabólico, y la élite desea qu...