miércoles, 13 de mayo de 2026

... Verdades difíciles de aceptar

 


- foto de autoría propia -


Cuando las personas buenas son lastimadas no hace ruido no gritan, no buscan venganza simplemente sienten profundamente en silencio y ese silencio, pesa más que mil palabras.

Las personas buenas no se van a la primera.

Porque hay algo que bien pocos entienden y es que las personas buenas no reaccionan como el resto, no se defienden atacando, no hieren para sanar su propio dolor, ellas se quedan un momento más pensando dudando intentando entender que salió mal pero llega un punto en el que algo cambia y no se nota de inmediato aprenden a retirarse sin ruido y tú ni siquiera te das cuenta al principio de una distancia silenciosa, siguen siendo amables siguen elegantes tratando con respeto lo que antes era amor ahora es costumbre no hay despedidas dramáticas cuando la persona buena se rompe por dentro aprende a no insistir, a retirarse sin hacer ruido. No se vuelve mala.


... reflexión online ...

sábado, 9 de mayo de 2026

... Suelen malinterpretarse

 


_ foto propia _

<< La psicología dice que las personas a las que no les importa lo que piensen los demás no son frías ni distantes, sino que se trata de un cambio más profundo. El desinterés suele ser una forma de estabilidad que no necesita confirmación constante.

Hay personas que parecen no inmutarse ante la mirada ajena. No explican cada decisión, no buscan aprobación y no ajustan su conducta para encajar. Y eso, muchas veces  se interpreta como frialdad 

En un entorno donde la validación social es casi automática-likes, opiniones, expectativas- apartarse de ese circuito puede resultar incómodo para los demás. Lo diferente suele confundirse con lo distante.

Pero la psicología plantea otra lectura, no se trata de indiferencia emocional, sino de un cambio más profundo en la forma de relacionarse con uno mismo y con el entorno.

Quienes realmente dejan de depender de la opinión externa no se desconectan de los otros. Más bien, dejan de usar esa mirada como medida constante de su valor.

Cuando la opinión externa se convierte en ruido de fondo. El proceso no ocurre de un día para otro. Implica desarrollar un nivel de autoconocimiento en el que las opiniones ajenas dejan de ser determinantes y pasan a ser solo una información más, no una guía central.

A partir de ahí, aparecen patrones que suelen malinterpretarse .

• No reaccionan de forma automática a la aprobación o al rechazo. No es que no registren lo que otros piensan, sino que no lo convierten en una urgencia emocional. Las opiniones externas pierden peso en la toma de decisiones.

• No necesitan agradar constantemente. Dejan de ajustar su comportamiento para encajar en cada contexto. Esto puede parecer distancia, cuando en realidad es coherencia interna.

• Escuchan sin sentirse definidos por lo que oyen. La opinión ajena se vuelve informativa, no determinantes.

• Tienen un criterio propio más estable. Al conocerse mejor, dependen menos de señales externas para decidir. Esto no reduce la duda constante y la necesidad de validación.

• No invierten energía en impresionar. Parte del cambio implica notar cuánto desgaste genera intentar cumplir con expectativas ajenas. Al soltar eso, aparece una forma más directa de actuar.

• Pueden parecer selectivos en sus vínculos. No buscan aprobación masiva, sino relaciones donde haya afinidad real. Esto puede ser leído como frialdad, aunque responda a una elección consciente.

• Muchas personas viven bajo el llamado "efecto foco", creyendo que los demás los observan más de lo que realmente ocurre. Quienes logran soltar esa idea reducen la ansiedad social.

• Se enfocan en lo que consideran importante. Al dejar de responder a cada expectativa externa, pueden dedicar más energía a lo que realmente valoran. Esto suele dar una sensación de dirección más clara.

• No se desconectan emocionalmente, sino que priorizan distinto. Pueden ser profundamente empáticos o presentes, pero ya no necesitan demostrarlo constantemente ni validarlo desde fuera.

• Construyen su identidad desde dentro,  no desde la reacción. La diferencia central es que su sentido de identidad no depende de cómo son percibidos, sino de cómo se perciben a sí mismos.

En definitiva, lo que parece desinterés suele ser otra cosa: una forma de estabilidad que no necesita confirmación constante.

La paradoja es que, cuanto menos alguien depende de la opinión ajena, más libre de vuelve para conectar de manera genuina. Porque ya no está ocupado en sostener una versión de sí mismo para los demás, sino en ser.

........ Psicología on line ......

domingo, 3 de mayo de 2026

miércoles, 15 de abril de 2026

... Perdedores éticos

 



✓ Los perdedores éticos son los grandes triunfadores de la vida, pues se respetan a sí mismos y no contaminan sus acciones por un resultado.

El perdedor ético se enfoca más en el sentido de lo que pretende que en el resultado de sus esfuerzos. Este tipo de personas obedecen a su conciencia, y no a las circunstancias o a las modas ideológicas o culturales.

Lo que define al perdedor ético es su adhesión a unos principios y a unas reglas de juego. Si ganar implica pasar por alto esos valores o esas normas, prefiere perder.

El perdedor ético es ante todo alguien libre que tiene suficiente que puede ir más ligero por la vida, sin deber o deberse a nadie.   ✓

-texto on line 

_elena sànchez cuenca _

lunes, 6 de abril de 2026

... hablan más que las palabras ...

 



"Hay actitudes que separan más que las distancias. Hablan más que las palabras. 

《La actitud es una pequeña cosa que marca una gran diferencia》_Winston Churcuill_

Las actitudes actúan a veces como fuentes de conflicto creando distancias insalvables entre nosotros.

Debemos entender que las actitudes no son dimensiones estables y fijas en el tiempo. Muchas de ellas pueden cambiar y mejorarse, y eso significa que estamos siempre en contínuo crecimiento con el fin de delimitar mejor nuestra valiosa identidad".


Fragmentos

on line _Valeria Sabater_


jueves, 2 de abril de 2026

... La balada del gallo triste

 

«En el relato evangélico de la Pasión, alrededor de un inocente injustamente atacado, se describe un retablo de reacciones huidizas: la seducción del poder, la comodidad del espectador neutral, el temor a las represalias. Judas es el seguidor desleal que pone precio a su traición: “¿Qué me daréis si os lo entrego?”, ofrece a los sumos sacerdotes, y negocia la recompensa. Por su parte, el prefecto Pilato cree que el reo merece ser absuelto –“no encuentro culpa en él”–, pero nada hace por protegerlo. Con el gesto de lavarse las manos, el gobernador romano abandona a la víctima y se exime de culpa: “Inocente soy de la sangre de este justo”.


El episodio más conmovedor atañe a Pedro, apóstol convencido de defender a Jesús hasta el final: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”. Cuando apresan al Maestro, Pedro sigue de lejos al grupo, fiel a su compromiso de lealtad, pero una criada lo reconoce: “Tú estabas con el galileo”. Entonces, le falla a su amigo: “No sé de qué hablas”. Dos veces más: “No conozco a ese hombre”. Amanece y Pedro recuerda las palabras de Jesús en la última cena: “Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces”. Avergonzado, escapa. La escena culmina con una imagen inusual en la literatura antigua: un hombre corriente llora.


Desde los antiguos mitos existían jerarquías en la pena; llora Aquiles, llora Ulises, llora Eneas. El dolor de los héroes, reyes o grandes guerreros merecía respeto. La tragedia, como escribió Aristóteles, se ocupaba de nobles, mientras la comedia retrataba a personajes “de baja estofa”. Los dramas y preocupaciones del vulgo se abordaban en clave humorística. Resulta revolucionario que, en la encrucijada de un conflicto protagonizado por un mesías, autoridades romanas y altos sacerdotes, el narrador dirija su mirada compasiva hacia un pobre hombre angustiado. En el aria “Erbarme dich” de su Pasión según san Mateo, Bach convierte la pena del viejo pescador en un dolor universal: quién no ha defraudado a un ser amado por cobardía, quién no ha hecho promesas y luego no ha estado a la altura, quién no se arrepiente de traicionarse a sí mismo (…)». 


#LaNación #CostaRica

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... Verdades difíciles de aceptar

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