Siempre he pensado que la experiencia de leer se parece a la de Odiseo cuando se hizo atar al mástil para saborear el canto dulce de las sirenas, que arrastra a la perdición. Gracias a su astucia, fue el único que conoció la canción magnética y sobrevivió a su amenaza.
En la literatura, ¿acaso no escuchamos las voces del peligro, de la aventura, de la tentación, del dolor, de la belleza terrible o la muerte, sin sufrir las consecuencias, mientras la nave-libro nos devuelve a casa a salvo?

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